miércoles, septiembre 20, 2006

PR PARA TODOS, NEVERMORE

Acabo de hacer un acto político: me di de baja del emailing list de PR para todos, la organización de Pedro Julio Serrano. Recibir diez e-mails al día sobre matrimonios gays, De Castro Font y no sé qué otras madres might sound funny. Pero créanme, IT IS NOT.

martes, septiembre 19, 2006

COSAS VEREDES

Por LRT2110
Especial para La Ínsula

Adiós, malezas y flores
La depre inminente que se manifestó cuando empacaba para mudarme a Nueva York ya es una realidad contundente. Me eché a llorar cuando me proponía a poner los calzoncillos en la maleta, no sé ni por qué lo confieso, no creo que esté en mi mejor interés que la gente se entere de mi patetismo tipo “cuando salí de Collores”. Pero ésa es la que hay conmigo, lo demás es humo esfumándose en el cielo. En la ciudad ha llovido y se ha establecido un gris intermitente que presagia el otoño. Los compañeros de clase de escuela graduada son bien gringos. El primer día me confundí de tren y tuve que caminar desde la puñeta en el este hasta el culo en el oeste. Llegué a la orientación quince minutos tarde, hecho un lechón sudado. Al sentarme en el pupitre le pregunté a la primera persona que ví “is it hot in here or is it just me?”. El tipo –su nombre es Aaron y es de BumbleFuck, Texas (“just out of Austin” le sigue repitiendo a todo el mundo que conoce)- me miró como un extraterrestre de los babosos que aparecen en pelis slapstick sci-fi a la Men in Black, y me contestó con una seriedad preocupante “it’s just you”.

It’s just me. Esa es la que ha habido hasta el momento. Me jodí la sciática subiendo los tres pisos que hay que subir para llegar al apartment con 220 libras de libros que no leeré. El sitio es tan pequeño que podría muy bien echar una criolla mientras cocino spaghetti (es lo único que como ahora, es tan barato y rinde…), claro, esto mientras subo los pies en la cama para estar más cómodo. Mi único amigo es Aaron. Como yo, el tipo vuela totalmente por debajo del radar. La pendejá es que es maricón y no lo sabe. Las señas están ahí y son inequívocas: el tipo no para de hablar de su madre soltera (una figura centralísima en su vida, lo repite siempre que puede); como que es el tipo de tipo que le gusta dar la mano y con la otra darte un sobito nebuloso en la espalda; y no para de comentar que aún no ha conocido a “su amiga”. Según él, siempre que llega a un sitio nuevo termina con alguna “amiga” muy íntima, ya que le resulta más fácil hacer amigas que amigos. Repito, éste es mi único amigo hasta el momento, yo soy el único que él ha hecho (“…aquel maternal pañuelo
 empapado con el zumo 
del dolor…”). Lo que terminó de sellar mi impresión sobre su sexualidad fue que ayer me relató que vio por televisión que Ann Richards, la legendaria gobernadora demócrata de Texas, cuya derrota política marcó el comienzo de la carrera de George W. Bush, había muerto y lloró. “Ann Richards looks just like my mom”, me decía desconsolado. Para terminar de joderse es un “devout Episcopalian”. Whatever, el caso es que tiene buen español porque trabajó en el Cibao durante un año. No puedo evitarlo, me lo imagino haciendo levantes nebulosos que terminaban en quickies apresurados y anónimos en la maleza dominicana. No sé, ésa es la vibra que recibo de él.

Estoy definitivamente deprimido. Lo único que hago es escuchar un playlist que me hice durante mi primera semana aquí titulado “En la onda mustia”. Estoy obsesionado con una canción de los Flaming Lips, “Do you realize”, en particular con un estribillo que dice “do you realize that everyone you know one day will die”. Me gusta escuchar esa canción y pensar en una compañera de clase. La chica entró al primer taller de guionismo y vociferó que lo que ella quiere escribir son guiones basados en sus experiencias vividas en la industria pornográfica de Australia. Tengo que admitir que hay algo que encuentro sumamente atractivo sobre ella, pero no sé cómo abordarla, me intimida un poco. Intenté hablarle pero terminé balbuceando en un spanglish incomprensible. Yo creo que ella entendió que me la estaba tratando de levantar porque me gritó “you pig!” y luego me viró la cara. La cosa se complicó cuando me fui a despedir de ella y me lancé a plantarle el besito en la mejilla, a lo Boricua y ella se paralizó ante el gesto, mientras me miraba horrorizada. Ahora corren rumores en mi clase de que yo soy un depravado. Ciertamente lo soy, pero no del tipo que los gringos estos se imaginan.

domingo, septiembre 17, 2006

ENO TRIP


Dentro de mi computadora hay 6,975 canciones (acabo de revisar). Estoy casi seguro que si he escuchado la mitad de ellas es mucho. Me pasa como con los libros. De mi biblioteca, estimo que los libros que he leído enteros no pasan de un 10%. Empezados pero no acabados podrán ser un 40%. Ni abiertos, el 50% restante.

Pero volviendo a la música. Soy sumamente moody a la hora de escuchar música. Hoy, por ejemplo, un domingo al mediodía, me ha dado por escuchar Music for Airports, el clásico protoambiente de Brian Eno. Lo bajé hace par de semanas en un acto de impulsive downloading. Desde entonces, ahí ha estado en un resquicio de uno de mis discos duros externos, esperando ser tocado.

Además de compulsivo, soy obsesivo. Cuando se me pega una canción la escucho por días. Eso me ha pasado muchas veces. La más reciente involucra una canción de Julieta Venegas, “Me voy”, de su nuevo disco “Limón y sal”. Por lo general me pasa con canciones rositas, “feel good songs” que me sirven para empezar el día (hasta hace poco tenía un “playlist” que se llamaba “Morning”. No sé por qué ya no existe. Supongo que lo habré borrado en un arranque de pesimismo.

De las que más recuerdo de ese “playlist”: “Here Comes the Sun” de los Beattles, “The 59th Street Bridge Song” de Simon & Garfunkel (un himno para los manicodepresivos, dice mi amigo Plazaola) y, bueno, ya no me acuerdo de ninguna otra.

Parentesis: ¿Por qué Music for Airports me suena tan familiar? La habré escuchado en otra vida? Hmm... food for thought. Habrá sido en el aposento de Plazaola en el Viejo Miramar. Ese remanso postrock.

Cierro parentesis y abro otro. La otra noche vinieron mis sobrinos a entretenerse chez tío Plop. Mis sobrinos rondan los early twenties. Tengo la impresión de que me ven como un anciano (un anciano cool, espero). A lo que voy es que quedé bruto cuando puse una canción de Prince, “I Wanna Be Your Lover” y mi sobrina la reconoció al instante. Debo recordarles que mi sobrina nació más o menos para la misma época en que salió esa canción.

Resulta que sus padres eran fanáticos de Prince. Para ella Prince es como lo que para mí es José José, música que asocio directamente con mi niñez, en mi caso con el Fiat amarillo de hojalata y las vuelta del pendejo que di en él junto a mi familia.

Cierro parentesis y abro otro. Las aguas de colores. Ése era el highlight (literalmente) de las vueltas del pendejo cuando todavía no tenía ni diez años. Las aguas de colores eran el efecto de las luces que se reflejaban en las aguas de la laguna del Condado y se apreciaban desde la Baldorioty y el puente Dos Hermanos.

Por lo general, las vueltas del pendejo incluían una parada en el Gaucho Burger para que el pequeño Plop se comiera un sándwich de queso, unos “grilled cheese” con un queso suizo espeso que ahora me hace entender lo que es “comfort food”.

No sé por qué me he ido en este viaje. Debe ser culpa de Eno. Desde que dejé el pasto (hace dos o tres meses) los viajes de mi cerebro son un poco predecibles. Mis amigos ven que me repito en mis viajes. No me lo dicen, pero me miran con ternura, como diciendo te queremos aunque cuentes los mismos cuentos. Supongo que esto es parte de envejecer.

Lo que me lleva a otro punto. Estoy convencido de que llegaré, por lo menos, a los 80 años. Eso quiere decir que me quedan, por lo menos, 47 años de vida. Eso es un montón. Es chévere saber que todavía queda tiempo.

jueves, septiembre 14, 2006

JODOROWSKY, MI PADRE Y YO

Le presté a mi padre el último libro de Jodorowsky que me compré (Cabaret místico). Al día siguiente me dijo: “Anoche me lo leí casi todo. Si te gusta ese tipo, tienes que leer “El Poder del ahora”. Su autor (Eckhart Tolle) es más inteligente y organizado que él (Jodorowsky)”.

Mi padre suele hacer ese tipo de comentarios (de dónde creen que saqué mi sarcasmo).

Por pudor o quizás vergüenza no le dije que desde hace meses “El poder del ahora” está en mi mesa de noche, esperando ser leído.

Odio darle la razón a mi padre. Me retracto: no lo odio... digamos que no me gusta. Me hace sentir como un niño. Jodorowsky tendría mucho que decir sobre esto que acabo de decir. Más que Tolle, debo añadir. Éste ha sido un tímido intento de reivindicar al primero ante la mirada de mi padre. Así son las relaciones paternofiliales en la Insula... la “nueva” Insula.