sábado, octubre 08, 2005

THE REAL WORLD CUPEY


Para M.C.C.

Le estaba contando a S. sobre el “post” que escribí hace par de días sobre nuestras andanzas suburbanas. Mientras lo hacía, me di cuenta que mi vida se ha convertido en una temporada de The Real World. Le he llamado The Real World: Cupey.

Hace un tiempo publiqué aquí una lista de mis discos 45. Contaba que la mayoría de los discos los había comprado en una tienda de discos del Señorial Mall. En aquella ocación, un lector me instó a que revelara mi “dirty little secrets” de mis aventuras por el mall. El miércoles pasado, mientras caminaba con S. por el mall, aproveché para mostrarle dónde es que estaba la tienda, la cual dejó de existir hace mucho tiempo y cuyo local fue absorbido por el First Bank de al lado.

De adolescente, viví, todavía vivo, a “walking distance” del Señorial Mall. Recuerdo que, los veranos, mi vecino C. y yo caminábamos hasta el “shopping.” Íbamos “for no apparent reason”. Era nuestra vuelta del pendejo… “suburban style.” Siempre parábamos en las mismas tiendas: la de discos, el Foot Locker, la sección deportiva de Kmart y creo que ya porque no recuerdo ninguna otra tienda que apelara a nuestras fantasías juveniles.

El papá de C. tenía una colección de revistas Playboy. En realidad, lo que tenía era un “binder” con “centerfolds” de Playboy. C. sabía tocar un poco de piano y me enseño a tocar los primeros acordes de “Jump” de Van Halen y “Final Countdown” de Europe. Hasta el día de hoy, es lo único que sé tocar en un piano. Y eso que cogí clases de órgano en una escuela de música y ballet que queda aquí mismo en el Señorial, en los altos de un “sport shop” que en aquella época le pertenecía a un tipo bien buena gente que se llamaba W. Hoy en día, W. es un muy exitoso videógrafo de bodas. Alguien me contó que cobra como $5,000, no hace más de cuatro bodas al mes y tiene una lista de espera. La última vez que vi a W. fue hace como un año en el Condom World de la Ave. Roosevelt. No sé por qué me pareció interesante que un videógrafo de bodas sea un aficionado del tipo de pornografía que venden en Condom World.

Quizás debiera dar un poco más de contexto.

Mi familia se mudó al Señorial cuando yo estaba en séptimo u octavo grado. Recuerdo que mi abuela por parte de madre se estaba muriendo de cáncer para esa época. La mudanza vino después de su muerte. Veníamos de vivir en Milaville, específicamente en una parte de Milaville que se conoce por el nombre de García, una urbanización de viejos. Mi único amigo era P. que vivía detrás de mi casa, en Caldas, cruzando una quebrada. P. estudiaba en la misma escuela que yo. En la piscina de su casa me rajé la cabeza cuando estábamos en sexto grado. Todavía tengo la cicatriz. No estoy parapléjico de milagro.

A lo que voy es que El Señorial fue tremenda mejoría con respecto a García. Mi casa quedaba a dos casas del parque. Allí jugué pelota, pero sobretodo baloncesto con chamacos mayores que yo. Para aquella época, la cancha del Remanso era un “hotspot” de baloncesto callejero. Los fines de semana había que hacer fila para jugar. Recuerdo que hasta Pipo Marrero vino a jugar en una que otra ocasión. Y debo decir que el nivel era bastante bueno. Todo eso se fue a la mierda cuando cerraron la urbanización.

Ese parque era el corazón del montón de urbanizaciones que quedán entrando por los antiguos cines del Señorial. Allí era dónde, por ejemplo, se quemaban los árboles de navidad en el día de la Candelaria, que para aquella época era un “big thing” en el área. Estoy hablando de finales de los 80, tiempos de la ganga de Piri y los Fumaos, cuando todo blanquito y su abnelo se creía bichote. De hecho, en la famosa “escalera” del parque dizque había un punto de drogas, un punto administrado por los propios chamacos de la urbanización. El Tony Soprano de la escalera era un chamaco al que le decían Coquí que vivía en la calle Cuenca, donde también vivía una tía mía. De hecho, el hermano de Coquí era íntimo de mi primo. Yo jugué baloncesto con algunos de esos manduletes; pienso en Chistrí y su hermano Miguel, a quien si mal no recuerdo le decían Cuácula, un tal Guille que, fiel a su nombre siempre tenía un guille, y no sé quién mas.

Yo empecé a jugar baloncesto en el parque cuando estaba en noveno o décimo grado. Antes de eso, lo que hacía era jugar pelota con bola de tennis con chamaquitos, la mayoría menores que yo. De esa época, recuerdo un gordito al que le decían Higgins porque se parecía, y cómo, al casero de Magnun. Lo freaky era que el niño tenía que tener no más de doce o trece años. A C. lo conocí jugando pelota. Pero pronto nos mudamos a la cancha de baloncesto. Era nuestro deber empezar a janguar con los hombres y no con los niños.

En esa cancha pasé horas largas. Recuerdo que en verano jugábamos hasta la medianoche, cuidado si un poco más. Mi corillo eran chamacos mayores que yo, en su mayoría miembros del equipo del Pilar. Eran chamacos de la clase 89; yo soy 91. Había también un don que era todo un personaje, llegaba en un carro deportivo venido a menos, decía que era neurocirujano y era campeón de atletismo en la categoría master, lo cual tenía que ser cierto porque era rápido con cojones. Con él era que venía Pipo, que para aquel entonces todavía jugaba con el equipo nacional.

Ya mencioné al Pilar, ese otro “hotspot” en el área de Cupey. Frente a mi casa, vivía una chamaca del Pilar, también clase 91. Yo le tenía miedo. ¡Pero cuántas veces me masturbé pensando en ella! Me explico.

Estudié en un colegio de machos y no tengo hermanas. En otras palabras, las mujeres eran perfectos “aliens.” Fue en la universidad que empecé a tener contacto significativo con mujeres. Pero en escuela superior, nada que ver. Mi vecina era la típica “slut” del Pilar, que es prácticamente un arquetipo de mujer en Cupey, de donde también salió la legendaria “Puta de Borinquen”, a todas luces un ser cuasimítológico. Mi vecina siempre tenía machos que la visitaba. Recuerdo que mi madre se escandalizaba por el comportamiento de la chica, insinuando lo que era obvio, que la chica metía machos a su casa por las tardes. No debe sorprender entonces que una chica “hypersexed” como mi vecina le resultara intimidante, por no decir aterrorizante, a un manilo pajuato como yo. Lo más triste de todo es que, en retrospectiva, la tipa no estaba tan buena.

3 Comentarios:

Blogger Mimosa Impúdica dijo...

Umh, qué curioso, no se cómo llegué aquí, pero somos del mismo barrio, hasta de la misma clase (91). Mi vuelta de pendeja era a Kmart y al Sbarro, todos los días... Nos robábamos eyeliners para matar el tedio suburbano...

12:17 a.m.  
Blogger PLOP dijo...

Qué puedo decir? If you build it, they will come!!!

10:23 a.m.  
Blogger Manuel Armando Clavell dijo...

hirsuto, qué cronicaza de la desolación, con puti-vecina y todo, colegio de machos, baya, papá, también llegan a tu blog buscando la palabra bugarrones, ¿no hay historias de esas en el colegio?

De paso, oye, por qué no me dejans un microrrelato de un párrafo para Estruendomudo, mira que me muero por subirlo.

abrazo cyber,
m

5:16 p.m.  

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